La Coctelera

El carnaval


Llegan los Carnavales un año más y dudo entre comprarme unas gomas para las orejas y salir a la calle así de manera natural y sin pintar para dar más realismo a esta cara de momia que tengo. Sacar del armario la colección de vendas frías adelgazantes que compré en un ataque compulsivo de televisión nocturna teletienda, que me costaron una pasta y que tras desenrollarlas y usarlas una vez fui incapaz de volver a recoger para meterlas en la cajita minúscula que las traía. Y que cada vez que abro el armario del cuarto de baño se me lanzan encima como boas amazónicas posesas y hambrientas, y es que si nunca he sido capaz de doblar un mapa por mucho empeño que le ponga, ¿cómo va a ser posible que yo Úrsula Montes, que ni siquiera terminé el bachillerato, pueda introducir en una caja tamaño tampax, una colección de vendas que servirían para envolver de regalo la Gran Muralla China? Pruebo con el disfraz de señora de Ramsés II, venida a menos, entrada en carnes y en pleno proceso de descomposición. Pero cuando empiezo a anudarme los kilómetros y kilómetros de vendas frías, me hago un nudo, la punta se me engancha en el tacón y casi termino decapitada, en mi propia casa, por mi propio zapato y con estas bragas de abuela que hoy llevo puestas. Casi lo dejo y pongo la lavadora. Si no terminaré saliendo a la calle de Eva en el paraíso, sea Carnaval o Cuaresma.

Opto por algo menos peligroso y más práctico, porque claro, de gastar nada de nada. Podría elegir sin embargo algo más cultural y salir a la calle como un centurión romano de esos cachas de las conquistas, aunque por mi tamaño de ser en peligro de extinción más bien podría ir de senador añejo y comilón que sólo se movían de la cama para vomitar o asistir a las meriendas de leones. Busco entre los armarios de la cocina una cazuela que brille con esa intensidad de los metales pulidos de los cascos de los centuriones romanos. El cazo de calentar la leche está como nuevo –claro desde que aprendiste a usar el microondas poco lo has usado- y queda estupendo en tu cabeza de bucles amarillos de a 15.000 el tinte. Pero claro hay un serio problema y es qué hago con el mango. Así lo que pareces es un sargento retirado de la guardia civil contratado para hacer sombra al chinado capitán de barco de Mary Poppins. Descartado.

Pues anda que no hay disfraces. Te sientas a pensar mientras te miras las uñas de los pies y descubres que tu esmalte ha ido desapareciendo como la capa de ozono y decides darte unas capitas de pintura en lo que piensas y piensas... Pero nada, oye que no te vienen las ideas, tú con esa imaginación que tienes tan.. uy! ¿Qué me estará pasando? Mi cerebro debe estar como un queso de gruyere tendré que visitar al logopeda o al psiquiatra o era al oto...algo?

Anda si entre pensamiento y pensamiento ya ha terminado la lavadora. Pues nada a tender, a ver si con el aire se me despeja la cabeza.

Salgo a la terraza y descubro que allí tengo un montón de cajas entre ellas la del fantástico DVD acumulapolvo que nunca da la hora exacta, y zas, que me viene la inspiración. Agarro las cajas, tijeras de cocina en mano. Recorto unos agujeritos para meter los brazos y otros para meter las piernas, aunque casi mejor descompongo la caja toda íntegra por debajo, con tal tamaño de muslos parecerías una geisha andando o bien te daría una embolia por la falta de circulación. Un par de rotuladores y hecho.

Tamaño de vaca tengo, logotipo el de Lauki. Y allí que me lanzo a la vorágine y al desenfreno del carnaval vestida de tetra brik. O acaso alguien dudaba que Úrsula Montes es la leche.

Las ferias y las fiestas

Las ferias ya están aquí, ya llega la diversión y el entretenimiento y las tardes libres y las casetas y los tintos de la casa y la panceta y la paella y los pinchos dulces y calientes y el programa tamaño espasa calpe. Y saco mi artillería y mis mapas y agendas y me subrayo lo que me interesa y me hago un itinerario para no perderme nada. Y cual Napoleón preparando la Campaña Rusa realizo mi estrategia gastrobebidoferial. Que hay paellada y gratis pues allí que va Úrsula, que hay campeonato de chinos con barrilada, pues a ver a Deng Xiaoping.
Que ¿hay Campeonato ecuestre en el río? Pues allí que se lanza Úrsula casi en plancha hacia la playa equiparada a modo de pasión de gavilanes con su gorro vaquero cual hermana Elizondo pero el bicho este es muy pequeño y debe ser un caballo liliputiense, y yo que le aliento y él más lento que el tren burra, y yo que le presiono y él que babea. –Vamos furia, vuela como el viento. Pero ni viento ni brisa ni nada. Y oye que a lo mejor es un potro inglés: -hi ho silver away. Y mueve una pata, vale esto funciona. Recupero mis lecciones de folow me y mis amplios conocimientos idiomáticos, pero de mi boca solo sale una lengua muerta que nadie conoce y el bicho tampoco, claro. Me restriego contra el para ver si mis feromonas hacen efecto en el animal y lo consigo, esta imitación de mercadillo de perfume francés es inmejorable. Y camina, y trota y cuando el animal quiere galopar se me atoran los pies en la arena y ni para adelante ni para atrás, y rememoro la máxima de Arquímedes dame una palanca y moveré el mundo y compruebo el aforismo griego en mis carnes, y hacemos el salto del potro tipo circo del sol o postura de kamasutra de pájaro chogüigüi. Y el animal que no se mueve y yo que tampoco, pero nadie me recoge y finjo un mareo pero nadie me hace el boca a boca. Pero oye tú, caballero del zodiaco venido a menos, ¿no podrías haberme dado un semental más grande?? Hago mutis por el foro mientras los espectadores me aplauden. Y consigo mi minuto de fama salgo en todos los zápines locales, espectáculo ferial: mujer entrada en carnes llega la última en el campeonato infantil de ponis, Ah, pero ¿esos entes venidos de otro planeta eran niños? ¿Ah, pero el difunto animal era un poni?
No desespero que estamos en ferias. Y repito la máxima de la alcaldía, las ferias son para todos y me lanzo como una posesa hasta ser engullida por la melitona, pero claro, el tonelaje de cachalote, las tachuelas, y los amuletos del cinturón y el muestrario de collares que hoy llevo puesto son demasiado para tan pequeño orificio. Y allí me quedo yo atorada en el útero de la tía melitona –menos mal que es tía, menos mal que es familiar. Y retrocedo a mi época placentaria y me encuentro a gustito y no quiero salir, pero un niño que se lanza y otro que le sigue detrás y la hermana y la prima de Villanubla que han venido y la abuela que fotografía en los bajos de la tía y se prepara una atasco en la garganta del gran bicho marino-pucelano que claro al final revienta cual piñata mexicana.
Pero las ferias no terminan aquí, porque la partydance vuelve y vuelve los cástines y Úrsula que se presenta. Desempolvo la ropa de los ochenta, la moda glam del leging y el tul. Y me convierto en un engendro entre David Bowie y Rudolf Nureyev pero eso es lo que buscan y allí que me voy, no sin antes aplicarme una restauración Tápies. Y llego al castin y hay que bailar, pero no ¿había que cantar?, pero ¿este año no era latindance?, yo que me había ensayado todas las obras completas de Andy y Lucas versión María Jiménez que la fusión y el sincretismo son el futuro de la música. Pero nada que no quieren lluvia de estrellas que ahora va más la Igartiburu y sus bailes de famosos. Claro y una de bailar, poco y sólo en las bodas, y en estado de Suellen etilizada de Dallas. Y pongo postura y grito como la Sarapova, y levanto las manos como Alonso, pero me sale el baile del pañuelo del Dantes o la danza massai de la lluvia. Y muevo las caderas y tarareo: dame más gasolina, dame más gasolina y Papi papi papi, papi chulo, papi papi ven a mí. Lorna te trae el umm, que rico el umm, me gusta el umm...y parezco la atracción ferial de la masa. Claro descartada, oye y ¿ni para conducir el trailer, que ya tengo las botas de cowboy y el sombrero de pasión de gavilanes comprado? Y… y ¿si me planto bigote tipo Freddy Mercuri??? Pero nada que un año más tendré que hacer la partydance en mi casa, versión Úrsula y a modo íntimo.
Y este año también es el último intento para ir a los toros y pillar cacho con torero hispánico macho ibérico abrazamozas. Y llamo a mi madre y le pido la peineta y la mantilla de Semana Santa y el abanico de la abuela herencia familiar y allí que me voy yo Marujita Díaz a los tendidos, de sol claro. Y oye que entre ole y ole el de abajo que me mira, entre oreja y oreja el de abajo que me habla, y entre chicuelinas, escobinas y pases de pecho que consigo su teléfono.
Y lo consigo, y pienso en dejarlo todo y convertirme en la bombera torera o en domadora de toros o en moza de espadas. Y aquí está Úrsula semirubia cenando con el semitorero entrado en carnes, vamos digamos gordo, parpadeando semiboba al semimatador vamos digamos picador de segunda, pero demostrando a todo el colectivo taurino que Úrsula Montes digan lo que digan es la leche.

Llega el Hidromasaje

Santa Brígida de la falda de pana, no he podido evitarlo. Estaré durante dos meses comiendo churrucas y rufinos para poder pagar la cabina de hidromasaje que acaban de instalarme. Ahora para entrar en mi minúsculo baño tengo que perder unos 15 kilos o dejar la puerta abierta para poder sentarme en la taza y que la barriga no haga el vacío en el habitáculo.
No sé que me ha pasado pero la vi tan mona allí en la exposición, tan sola, sin rumbo y en el lodo que decidí llevármela a casa aunque esté hipotecada los próximos cien años y tenga que seguir pagando las letras más allá de la muerte. Muerta pero limpia y relajada con todas las funciones que tiene este peazo nave espacial.
Como de costumbre me lanzo a las instrucciones, es bueno estar informado antes de hacer funcionar cualquier aparato eléctrico; no sea que me teletransporte o que sea abducida y que luego no sepa volver –con este sentido de la orientación que tengo- y no pueda contarlo.
Lámpara de techo de lujo, ventilador, estantería de lujo, control por ordenador, masaje frontal, dispositivo de masaje para pies, sistema de alta fidelidad, grifo de ducha flexible, star ¿???? Back¿???? Ground?????...N Luxurious (lujurioso) fixed ¿???? Showed¿????....M Y un montón de cosas más que no sé para qué sirven. El caso es que tras leer y releer el fácil manual para solteras sin estudios soy incapaz de encontrar el botón de encendido. Y me giro hacia la pared a buscar el enchufe pero que nada de nada, y abro las puertas y me meto dentro e intento cerrar las puertas y nada que no cierran, consigo cerrarlas y me siento como un atún en lata y empiezo a preocuparme porque me falta el oxígeno y los cristales antivaho comienzan a empañarse y yo empiezo a boquear como un pez y en uno de mis intentos para desbloquear las puertas giro el monomando y la maldita empieza a funcionar y siento un chorro que me apunta de lleno a los ojos e intento cerrarlos porque a esta potencia seguro que me desprenden la retina o me arranca las pestañas postizas de pelo de camello –no me llegaba para mohair- y toco otra palanquita de esas que me están oprimendo la espalda y un chorro de agua fría comienza a meterse por mis fosas nasales y no puedo respirar y abro la boca pero el agua se me mete dentro y empieza a levantarme los empastes que todavía no he terminado de pagar y lo único que se me ocurre es comenzar a tragar y a tragar; bebiendo nadie me gana, y bebo y trago y trago y bebo y claro me entran ganas de hacer pis y me contengo. ¿Cómo voy a mearme sobre un tejano Verino? Comprado en el mercadillo, pero pone Verino al fin y al cabo. y me sigo aguantando y sigo tragando y la barriga comienza a inflarse como un zeppelín y entre el agua que me ahoga, la barriga que se hincha, las puertas que no se abren; mi vientre comienza a funcionar como un martillo neumático presionando las puertas que no pueden reventar porque todavía no he comenzado a pagarla y el agua ya me sale por las orejas y se me ha corrido el rímel y no sé como salir de aquí. Y comienzo a chillar pero cierro la boca rápido porque con el agua que me está entrando soy incapaz de vocalizar. Y empiezo a maldecir por haber pagado el recibo del agua de este mes, ojalá me la hubieran cortado. Y con la angustia consigo girarme y entonces me apunta directamente al culo a modo de lavativa y ya casi me lo hago encima no creo que se note con tanto chorro a presión y descubro que tiene una luz en el suelo. ¿Será para poder ver las almorranas? Y veo que mi etiqueta de Verino ha sido comida por el sumidero. Y pienso en la muerte y en cuando me encuentren los vecinos ahogada en su propia cabina de hidromasaje, con las retinas desprendidas, las pestañas desprendidas, los empastes desprendidos, la etiqueta desprendida y encima meada…
Pero con mucha dignidad resisto porque Úrsula Montes es la leche.

Las reformas

Han llegado las horas de las reformas, como en este estudio diáfano -que quiere ser loft pero que aunque lo intente es imposible- no puedo tirar ninguna pared para reestructurar mi casa y así de un golpe de martillo neumático mi vida, me conformo con cambiar el color de las paredes, perdón de la pared. Lástima de martillo, lastima de pared, lástima de estudio, lástima de vida.
Me voy como una desesperada al Leroy a comprar los utensilios necesarios para el cambio de color. Comienzo por las brochas: cerdas naturales, cerdas plásticas, ¿de bigote de portuguesa no tienen?, cerdas de camello. Casi me llevo el camello entero, lo empalo con el palo de la fregona y en tres brochazos zas, la casa pintada. Continúa mi calvario, hay más tipos: brocha plana, brocha cónica, brocha suave, brocha fuerte. Pero ¿qué se creen con tanto instrumental, que voy a hacer una operación a corazón abierto? Si yo sólo quiero pintar mi casa. Quita, quita me marcho al pasillo de los rodillos.
De nylon, de espuma, de lana, ¿de piel de culo de foca no tiene? Y ¿alguna marca en especial: Verino, Chanel, Gucci? Para no complicarme opto por llevarme el superkit del pintor inteligente, iPinte rápido y sin complicaciones, siga las instrucciones-del interior! Lo abandono. Nada de instrucciones, todavía no he terminado de leer las del hidromasaje y mira, el DVD continúa con la hora de Pakistán o de Singapur, a saber. Aquí todo lo que tiene instrucciones luego se convierte en un insurrecto y triunfa la anarquía de los electrodomésticos. Y luego profetizan la rebelión de las máquinas para el siglo XXV, estos científicos ignorantes deberían pasarse por mi casa, para que vieran lo que es una sublevación en toda regla. Seguro que mi casa es un punto negro de energía donde se visualizan todos los conflictos del futuro. ¿Seré yo una enviada? ¿Seré la elegida?
El color lo tengo muy claro, rojo pasión. Desoyendo los consejos del dependiente que me cae muy bien porque depende como yo. El sólo de los clientes, yo del chocolate, del alcohol, de los hombres, de las marcas, de las compras, del frutero, del vecino del cuarto... estoy por pedirle un descuento. Pues nada que me llevo el color de lo salvaje, de la vuelta a lo primitivo, el de los instintos y las pasiones más bajas, diga lo que diga. Anda, vete a depender de otra.
Me subo a la escalera y comienzo los trabajos de Hércules, empiezo a pensar en Miguel Ángel cuando pintó la Capilla Sixtina y me animo y decido hacer un mural en la pared, pero-como sé, cuáles son mis limitaciones decido conformarme con unas estrellitas simples. Todavía no sé si de mar o de cielo o de bandera americana. Ya lo decidiré al final.
Giro la cabeza para mirar por la ventana y descubro en la otra acera a un policía monísimo dirigiendo el tráfico. Por deformación profesional comienzo a agitar los brazos a modo de mueca de náufrago olvidando que tengo un arma destructiva en las manos y cargada con medio kilo de pintura. Demasiado tarde. Techo, cama y dos armarios de la cocina cual mural de Tapies. Cara, brazos y piernas con aspecto de enferma de sarampión sarnoso. Tengo escamas como una sirena inflada por la toxina botulínica, apenas puedo mover los músculos según se va secando la pintura. Y el gato, como en una novela de Poe, Gato cebra plutoniano. Vamos no te distraigas, termina. Con las prisas comienzo a pintar las estrellas sin esperar que la pintura se seque, porque ¿dónde pone eso? Y mis preciosas estrellas de molde de silicona comienzan a chorrear por la húmeda pared y se mutan en pulpos transgénicos de Chernovil, con menos extremidades debido a las radiaciones.
Y cuando termino mi obra maestra de pintor precoz, dos horas toda la casa, descubro que el color se asemeja más a una diarrea de remolacha, que a ese color pasión, de instintos primitivos. Y me entran ganas de vomitar o de evacuar y no sé, conectar el hidromasaje a la presión máxima no recomendada en el libro de instrucciones y marcharme a dar un paseo para que la casa se lave sola.
Opto por tomarme un Bloody Mary en el bar de la esquina y olvidar que tengo una casa que parece un útero materno. Y me emborracho para ver las cosas desde otra perspectiva y cuando llego a casa dando tumbos y veo a los pulpos gallegos saludándome levanto la mano, rodillo en mano mientras grito: ¡A Dios pongo por testigo, que nunca volveré a pintar nada! Y me vuelvo al bar a demostrarles que sin rodillo Úrsula Montes sigue siendo la leche.

Nochevieja

Día 28, cinco y cuarto de la tarde, calzado cómodo para poder esprintar siempre que el vestido merezca la pena y puedas arrancárselo a la oportunista de turno. Uñas bien limadas y afiladas por si hay que arreglarle la cara a la que se te intenta colar en el probador. Pestañas postizas por si entre pestañeo y pestañeo consigues un descuentillo del diez por ciento. Repaso de la tabla de multiplicar del seis para hacer rápido el intercambio pesetas euros. Bocata de calamares al bolso para no desnutrirte en las largas colas de caja. Y ya preparados, listos, ya para adquirir el peazo modelazo de nochevieja, para que la última noche del año sea la primera de la vida en común del dios griego y la odalisca árabe. Sólo te falta aprender la danza del vientre para llegar a ser odalisca, barriga ya te sobra, guapa.
Como no encuentro nada me voy de bloody marys que oye, hay mucha gente que felicitar y muchos motivos por los que brindar.
Día 29 sin nada que ponerte y con un resacón que apenas eres capaz de levantarte de la cama. Cuando al final lo consigues sólo está abierto el carrefour y el 24 horas. Vestirte con un puñado de jamón envasado al vacío no es plan así que coges el coche y te lanzas como una posesa al carrefour. Y agarras el carro que has tenido que buscar desesperadamente porque a estas alturas todo el mundo anda en el centro comercial a comprar las gambas congeladas para la cena de nochevieja. Y entras y giras la cabeza de lado a lado como la niña del exorcista buscando algo barato, bonito, que te siente, que le vaya bien al color de tus ojos y que haga que Jesús necesite una botella de oxígeno para sobrevivir en el momento en el que te mire. Peleas y peleas con el carrito y con el niño experimento biológico de turno, que no hace más que ponerse delante de tu rueda, y le revientas el playero veintiséis veces y sonríes a la madre y sacas la botella de cardú del carrito y le das un traguito así sin que nadie te vea, y lo que realmente quieres es hacerte un bolso de viaje con la piel del infante, y con la del padre y con la de la madre. Así todo queda en familia y tu cuentas con un estupendo juego de maletas. Pero ¿no te das cuenta vaca burra del ñu que tienes en casa? Si es que el estado tendría que sacar una ley de esterilización colectiva o de ejecución masiva. De pronto lo ves, allí en su perchita un vestido negro imitación Versace, de una calidad, de una pedrería, de un tacto, de... un tamaño de cómo para seis años. Pero no desesperas y preguntas a la niña de los probadores si tendría una talla para animales en extinción tamaño cachalote o ballena blanca. Y hay suerte, y si logras mantener dentro la barriga toda la noche, y si no cenas nada durante los próximos dos días, ni comes, ni desayunas y si recuperas la faja vas a poder embutirte ahí dentro. Y debido al milagro de los tacones de 15 centímetros vas a ponerte el culo a la altura de las amígdalas y vas a dejar de ser Mami para pasar a ser Escarlata y tu hombre no va a quitarte el ojo de encima, ni las manos tampoco. Y llegamos al cotillón y nada más abrir la puerta una fulana de barrio me hace un agujero en las medias semejante al de la capa de ozono y paso en cuestión de minutos de ser una princesa con la Real Orden de Isabel la Católica a ser la Reina del Glam de los ochenta pero no me importa. Tequilita a Tequilita voy pasando la noche y cada vez que el Adonis artístico gira la cabeza para mirar a alguna me hago la torpe y le derramo la copa en la solapa, y le froto para limpiarle el líquido y así aprovecho y mato dos pájaros de un tiro. No mira a ninguna y pillo cacho. Y cuando termina la noche parezco la bruja avería con mi pelo encrespado y el rimel corrido a modo de egipcia pero mi hombre, mi Jesús tiene muy claro una cosa, que a Úrsula Montes nadie le hace de menos porque es la leche.

El gimnasio

Cómo ya no puedo soportar más esta angustia vital que me corroe de la cabeza a los pies directamente, porque la falta de cintura me hace parecer un ser semejante a Mortadelo, sin curvas, ni recovecos, ni nada y todo seguido, y con ese chaqué pasado de moda porque mi cuenta corriente es todo menos corriente porque nada fluye todo permanece y aquí estamos hundidos en la más pura miseria. He decidido apuntarme a un gimnasio aunque tenga que pagar innumerables letras a modo de hipoteca. Y me compro un peazo modelazo que aunque me cueste lo mismo que un collar de perlas negras favorece menos que las roscas en el pelo de las falleras valencianas. Y llego al gimnasio y ¡la madre! ¡qué tíos! ¡que hombres! ¡cuánto aparato! ¿Esto dará calambre? Y te ponen en una escalera a subir y subir y yo sólo me pregunto cuando terminará y que habrá más allá del último peldaño, ¿un modelito al 60% de Chanel? ¡Dios mío! ¡Cómo está el de la bicicleta! y yo sudando como una alcachofa; si con esta humedad corporal se me estará corriendo hasta el rimel. Y cuando por fin el maldito aparato sacado del averno pita y repita -no reventará el condenado- doy gracias a todos los santos del calendario porque he dejado de sufrir y de jadear como una perra, que no es nada femenino y por otro lado, nada sensual y menos vestida con este equipo de submarinista que me he comprado. Porque no me negará ningún mortal que la ropa de deporte está pensada para hundir a las gordas. Pero si estaría más favorecida con una túnica discreta del Rappel y con las gafas tamaño 123 incluidas.
Pero como una buena actriz de cine me bajo del pedestal mecánico de tortura al que me tenían sometida y lentamente y parpadeando ingenuamente al hombre de Atapuerca que pedalea y pedalea marcando bíceps sin que ninguna gota de sudor empañe su virginal belleza, intento acercarme a él, pero cuando comienzo a dar el primer paso descubro que soy como Marichalar yendo a un evento oficial. Tengo todo tan entumecido que sólo me falta gritar que llevo el timo de la estampita. ¿Es que acaso Dios no existe? Pero me cuadro y me digo: ¡Venga Úrsula que con tanta autoayuda tú puedes! Y maldigo al Ironside de la televisión, porque claro él con esa peazo silla bien que podía moverse pero yo ni de coña. Pero pongo buena cara y comienzo a andar como espatarrada, como afectada por un brote imperioso de almorranas; pero no dejo de sonreírle, que de algo tiene que valerme la ortodoncia que me hundió la infancia con esos hierros saliendo de mi boca en la adolescencia que parecía los altos hornos de Vizcaya.
Y me tumban en una camita muy cómoda y me colocan los brazos bajo la nuca y empiezan a darme instrucciones y yo sólo pienso en la humedad del techo, y en que tumbada tengo menos barriga pero que se me desparrama el culo y además en esta postura no consigo enfocar al peazo primate que ahora está trabajando el deltoides. Y me pongo nerviosa y empiezo a colocarme y parece que tengo parkinson y si encima el monitor me obliga a levantar la parte alta de mi cuerpo paulatinamente... y respirando cuando descanso... –que no logro controlarlo porque es más fácil respirar cuando te levantas, porque no tienes que trabajar, que el pulmón se contrae solo- al final resulta que parezco una epiléptica, no controlo mis movimientos y para más INRI se me ha subido la camiseta y una de mis lorzas en un intento desesperado de buscar espacio y poder respirar –todo el día secuestrada en una faja- ha puesto contra la pared a todos los que estaban a mi alrededor entrenando. Y maldigo mi suerte y me levanto de allí diciendo tierra trágame, pero con la cabeza bien alta, y descubro que llevo una pata del pantalón subida, con el calcetín bien bajo –no sé para qué inventaron los elásticos, si nunca funcionan- y yo con estos pelos. Porque será hormonal pero mis pelos crecen en una medida directamente proporcional al expolio de la selva amazónica. Y sigo maldiciendo y pensando en Santo Tomás y en las pruebas de la existencia de Dios y pienso en hacerme atea o budista o musulmana; o de cualquier religión en la que ese Dios común y diferente me eche un cable y admita que Úrsula Montes con chicha, con pelo o vestida de hombre rana es la leche.

Libros de autoayuda

Estoy viviendo una gran crisis, no creo que pueda superarla sin ayuda. ¡Santos Justo y Tomás ayudadme! Corro a la librería del centro y gasto lo último que me resta de presupuesto para acabar el mes –y estamos a día dieciocho-. Arramplo con todos los títulos de autoayuda que aún no he comprado: Olvide quién es y sea una persona nueva. Cómo superar las crisis existenciales. Los gusanos también tenemos derecho a vivir. El mundo es para las gordas. Retener la respiración hasta amoratarse no es solución y el último ejemplar que me llevo es El que no sepas poner una lavadora no significa que no puedas controlar tu vida. Respiro, ya me siento mejor, la espalda me está matando con tanto peso. Claro con lo que te has gastado, ni dinero para coger el autobús. Respira, respira, que con lo que llevas aquí de autoayuda puedes hasta teletransportarte. Llego a casa jadeando como un perro salido. Preparo el ambiente para que nada me moleste y para que las lecciones magistrales de los autores puedan ser asimiladas sin problemas de interrupciones: litrona a la derecha, tequila a la izquierda, triskis, cortezas, pancetas, cacahuetes, guacamole, cebolletas- malas para mis almorranas, pero exquisitas-, restos de pollo de ayer y alimentos varios al centro, mando de la cadena entre las piernas, teléfono sobre el pecho. Estoy dudando entre irme a leer al baño -no retengo muy bien los líquidos- o sentarme frente a la nevera. Tengo un estómago semejante a mi armario, sin fondo. Opto por el sofá. Me desparramo sobre él, cojo el libro, pulso el play y abro la primera página. ¿Se ha mirado alguna vez al espejo? Un traguito y descompongo el campamento y corro al baño a buscar el espejo de depilarme las cejas. Y descubro que el armario cojea, y empleo el volumen de Cómo superar las crisis existenciales para arreglarlo. Abro las puertas y: No está, no está, no está. ¿Pero dónde lo he metido? Ah, aquí está. Lo abro y descubro que mis cejas parecen más las de un agricultor de la Euskadi profunda que las de una mujer en edad de merecer. Si Frida Kalo consiguió al machote de Rivera con ese aspecto ¿por qué no yo? Claro, te falta arte, y cerebro, bonita. Abandono el libro y doy otro trago y me tiro a las pinzas. Zas, Zas,¡Santa Úrsula de la única ceja! ayúdame. ¡Santa Verónica del descampado cómo duele! Otro trago para olvidar el dolor. Estupendas, retomo la lectura. Mírese al espejo. Lo ubico de diferentes maneras y perspectivas pero nunca quepo en él. ¿Será el sobrepeso? Bebo para olvidar. Paso de capítulo. ¿Le molesta lo que los demás piensen de usted? Pues..., depende, el tío de la fruta me pone, claro que me importa. La del cuarto me la refanfinfla. No me importa. A ver, pero ¿no me explica más? Salto al capítulo tres: Idiosincrasia de la persona. Trago de cerveza, chupito de tequila y corro a por el diccionario. Vuelco la cerveza sobre la alfombra persa recuerdo de familia. Gracias a Santa Marta de los desamparados que no ha sido el tequila ¿idio.. qué? Idio...ta el que escribe esto. Necesito comer algo, me estoy desnutriendo. Uy, un traguín que la deshidratación tampoco es buena para el cutis. Paso de capítulo, no me dice nada. Otro trago ¡Anda!, se me mezclan las líneas, no consigo enfocar las palabras. ¿Será el tequila? O ¿la cerveza? Seguro que necesito ir al oculista pero ahora mismo no tengo presupuesto, ni ganas. Creo que ni siquiera puedo arrastrarme a la cama. Otro tequila, unos triskis más. No es bueno beber con el estómago vacío. ¡La leche!, qué pinta tiene el pollo. Devoro todo lo que tengo alrededor, sin ningún pudor ni educación. Me chorrea el aceitito por las comisuras, y de tal guisa: litrona volcada, tequila a la izquierda, restos de comida por todas partes... me duermo, y sueño que Úrsula Montes, por fin, es la leche.

Festivales de Cine

¡Santa Catalina de Medici! La Seminci está a la vuelta de la esquina y yo sin nada que ponerme. Y sigo con mis kilos de más y apenas tengo tiempo para recuperar mi figura de diosa pagana, y he roto la faja y el presupuesto no me da para otra. Y corro a la cocina y veo que aún me queda algo de film transparente, no hay mucho pero creo que el suficiente para rodearme y estrujarme, y recuperar esa cintura que tuve cuando hice la comunión. Hago una prueba rápida y gasto la mitad y funciona. La leche, casi no me resta para la inauguración. ¡Alabados sean los mártires del congelado! el paquete del albal está sin estrenar. ¿Y si me hago un modelito? Con tanto visitante extranjero puede colar. Sí claro, es de la última pasarela de Milán. Espero que resista. Ojeando la biblia de las treintañeras, el Cosmo encuentro la solución a todos mis problemas: Por una suscripción anual me regalan un vestido de Paco Rabanne. Todo arreglado, con ese modelito, no habrá director, ni productor que pueda negarse a hacerme una prueba y a descubrirme. A descubrir a la Audrey Hepburn pucelana. Sí, con sobrepeso pero Audrey al fin y al cabo. Y en lo que espero a que llegue la primera suscripción con el ansiado paquete, me apunto al cineclub del barrio y empiezo a empaparme de la cultura cinéfila. Y comienzo con el tema uno: el dogma. Yo conozco todos los dogmas era la primera en mi clase de dogmas cristianos y Dios existe, pero cuando yo lo llamo nunca está. Y comienza la proyección y no entiendo nada porque está en checo o en noruego o en... bueno en extranjero. Y aunque me compré la colección entera del Follow me nunca pasé de mirar los dibujos y nunca llegaba a casa a tiempo para seguir las clases por la tele porque siempre estaba tomando bloody marys o cervezas o calimochos para olvidar. Y ahora necesito uno para olvidar que olvidé seguir las clases de idiomas. Pero me relajo e intento ver las imágenes, una imagen vale más que mil palabras ¿no?, pues qué más da. Y sigo la proyección y pienso en el video casero de la boda de mi amiga Pili, ese en el que se les olvidó apagar la cámara y grabaron veinte minutos de suelo de porcelanosa. Y cuando termina la proyección noto un golpecito en la espalda, es el chico de la limpieza, hace veinte minutos que todo el mundo se ha ido y yo me he quedado ahí, dormida sin saber qué es el dogma aunque sea creyente. Y haciéndome la loca recojo mis cosas y corro a casa y descubro en el buzón que el paquete ha llegado. Y me pongo contenta porque aunque no sepa de cine voy a tener que ponerme. Y voy a ser estupenda embutida en veinte metros de albal bajo un vestido futurista. Y tras diez minutos luchando con el celofán lo consigo. Y cuando lo abro, mi gozo en un pozo. Tengo el vestido, dorado todo él como la Mezquita de Jerusalén, pero a cachos como el tente. Me armo de valor y pienso que nunca me pedí a los reyes un lego. Recuerdo mi etapa de hacer puzzles cuando encajaba las piezas a puñetazos, la Capilla Sixtina asemejaba un cuadro picasiano cuando di por finalizado el rompecabezas. ¿No darán cursos de esto en la Sorbona? Y descubro que junto al vestido desmontable me envían con cariño unas tenazas para poder enlazar las piezas. Y pienso en inmolarme y convertirme en mártir empleando las mismas. Y descubro porqué en bricomanía sólo salen hombres. Y monto una a una las piezas y llega la Seminci y yo sin vestido, y pienso en Nochevieja y llega y yo sin vestido. Y me consuela pensar en el año próximo quizá cafetito a cafetito algún día pueda terminar de montarlo, o de construir el Taj Majal con palillos o lo que sea porque el año próximo aunque sea vestida de albal, o con la Torre Eiffel de chinchetas bajo el brazo, pienso acercarme a la Seminci a demostrarles que Úrsula Montes es la leche.