No me lo puedo creer, pero ¿no llevo tres semanas esperando esa maldita llamada? y justamente hoy, hoy que no tengo nada mejor que hacer que tirarme en el sofá a comer, mejor dicho a engullir uno tras otro estos fantásticos y grasientos bollos de crema, va el tío y llama ¿pero será impresentable? Justamente hoy que lo único que me apetece es compadecerme de mí misma, hoy que me he permitido el lujo de quedarme todo el día en pijama. Pues no, mira chico, tengo un montón de compromisos para esta tarde, y qué quieres que te diga, todos son mucho mejores que una tarde campestre en la finca de tus primos. ¿He oído finca?, finca significa piscina, y yo con estos pelos de primate en las piernas, como no haga algo alguien por error me lanzará cacahuetes ¿Qué en una hora y media pasas a recogerme? Intento reaccionar, venga, pero dile que no, que no puedes, no, no y no. Necesito más tiempo. ¿Qué subes y esperas en casa? Horror, debe haber una hectárea de árboles entre tanto cartón de pizzas, el fregadero parece la sección de menaje de unos grandes almacenes y hay piquetes de pelusas entre los muebles. Dios, ni siquiera he hecho la cama, pero ¿hoy no iba a ser un día de relax? Busca una disculpa, rápido, no sé algo como que tienes que ir a una conferencia sobre la reproducción del centollo en las rías bajas.
Vale, ¿cómo que vale? cuelgo y corro rápidamente, empieza ahora el maratón. Y sigo con estos pelos, a muchos etíopes olímpicos me gustaría ver aquí.
Si yo fuera una mujer afortunada, si la fortuna hubiera decidido tocarme con su varita, yo ahora metería todo en una habitación cerraría la puerta y todo arreglado. Pero no, la suerte, valiente pedorra, ha querido que mi habitat natural sea un estudio, diáfano, de espacios abiertos, bien pero que bien abiertos oye, la única puerta que tengo es la del baño, ¡manda huevos! Si cogiera ahora al mamón que me lo vendió le iba yo a dar en los espacios abiertos y diáfanos. No te distraigas, lo primero es solucionar el orden; mientras ocultas la ropa sucia, vas despellejándote con las tiras de cera fría. Ahí detrás de la cama caben bastantes cosas, el resto puedes sacarlo a la terraza, espero que hoy no llueva, mi mejor lencería va en ese lote. Platos al frigorífico, el único sitio de la casa donde verdaderamente hay espacio, cada vez que lo abro ocurre lo mismo: grito para oír el eco de mi propia voz y pienso en abrir una farmacia, con la mitad de esta penicilina salvaría al mundo. Vaya, gracias, un par de truchas acaban de saludarme, mañana sin falta os tiro a la basura, lo juro, pero por favor no me presionéis. ¿Qué es lo que estoy viendo? Lo que en otro tiempo fue la tierra del gato ahora es una pasta como de marrón crocanti que desprende un no muy agradable olor. Pero bufi, cochino, eres un verdadero parásito, sólo comes y cagas. ¡La leche!, esto lo arreglo yo en dos minutos, saco hermético gigante de congelación, apertura de mampara, saco en ducha, cierre de mampara. Todo con delicadeza es peligroso manipular armas biológicas. Ya aprovecho y me mojo el pelo y le aplico un par de toneladas de gomina, no hay tiempo para mucha higiene más. Los dientes, nada, nada, mejor me como un chicle.
Corriendo a estirar la cama, un poco así por encima, la búsqueda en el armario de algo bonito, limpio y planchado es más laborioso y entraña más peligros que la subida al Everest sin oxígeno. Suerte, hay una camiseta que aún no has estrenado, el vaquero de los último tres días no le va mal, un poco ancho, pero así podrás dejar caer que has adelgazado. La búsqueda de un par de zapatos bajo la cama es pura espeleología, cualquier día montas una empresa de deportes de riesgo. Suena el timbre, justo a tiempo: estoy estupenda, el estudio parece La Zarzuela y es que aunque no lo crean ¡soy la leche!