Día 28, cinco y cuarto de la tarde, calzado cómodo para poder esprintar siempre que el vestido merezca la pena y puedas arrancárselo a la oportunista de turno. Uñas bien limadas y afiladas por si hay que arreglarle la cara a la que se te intenta colar en el probador. Pestañas postizas por si entre pestañeo y pestañeo consigues un descuentillo del diez por ciento. Repaso de la tabla de multiplicar del seis para hacer rápido el intercambio pesetas euros. Bocata de calamares al bolso para no desnutrirte en las largas colas de caja. Y ya preparados, listos, ya para adquirir el peazo modelazo de nochevieja, para que la última noche del año sea la primera de la vida en común del dios griego y la odalisca árabe. Sólo te falta aprender la danza del vientre para llegar a ser odalisca, barriga ya te sobra, guapa.
Como no encuentro nada me voy de bloody marys que oye, hay mucha gente que felicitar y muchos motivos por los que brindar.
Día 29 sin nada que ponerte y con un resacón que apenas eres capaz de levantarte de la cama. Cuando al final lo consigues sólo está abierto el carrefour y el 24 horas. Vestirte con un puñado de jamón envasado al vacío no es plan así que coges el coche y te lanzas como una posesa al carrefour. Y agarras el carro que has tenido que buscar desesperadamente porque a estas alturas todo el mundo anda en el centro comercial a comprar las gambas congeladas para la cena de nochevieja. Y entras y giras la cabeza de lado a lado como la niña del exorcista buscando algo barato, bonito, que te siente, que le vaya bien al color de tus ojos y que haga que Jesús necesite una botella de oxígeno para sobrevivir en el momento en el que te mire. Peleas y peleas con el carrito y con el niño experimento biológico de turno, que no hace más que ponerse delante de tu rueda, y le revientas el playero veintiséis veces y sonríes a la madre y sacas la botella de cardú del carrito y le das un traguito así sin que nadie te vea, y lo que realmente quieres es hacerte un bolso de viaje con la piel del infante, y con la del padre y con la de la madre. Así todo queda en familia y tu cuentas con un estupendo juego de maletas. Pero ¿no te das cuenta vaca burra del ñu que tienes en casa? Si es que el estado tendría que sacar una ley de esterilización colectiva o de ejecución masiva. De pronto lo ves, allí en su perchita un vestido negro imitación Versace, de una calidad, de una pedrería, de un tacto, de... un tamaño de cómo para seis años. Pero no desesperas y preguntas a la niña de los probadores si tendría una talla para animales en extinción tamaño cachalote o ballena blanca. Y hay suerte, y si logras mantener dentro la barriga toda la noche, y si no cenas nada durante los próximos dos días, ni comes, ni desayunas y si recuperas la faja vas a poder embutirte ahí dentro. Y debido al milagro de los tacones de 15 centímetros vas a ponerte el culo a la altura de las amígdalas y vas a dejar de ser Mami para pasar a ser Escarlata y tu hombre no va a quitarte el ojo de encima, ni las manos tampoco. Y llegamos al cotillón y nada más abrir la puerta una fulana de barrio me hace un agujero en las medias semejante al de la capa de ozono y paso en cuestión de minutos de ser una princesa con la Real Orden de Isabel la Católica a ser la Reina del Glam de los ochenta pero no me importa. Tequilita a Tequilita voy pasando la noche y cada vez que el Adonis artístico gira la cabeza para mirar a alguna me hago la torpe y le derramo la copa en la solapa, y le froto para limpiarle el líquido y así aprovecho y mato dos pájaros de un tiro. No mira a ninguna y pillo cacho. Y cuando termina la noche parezco la bruja avería con mi pelo encrespado y el rimel corrido a modo de egipcia pero mi hombre, mi Jesús tiene muy claro una cosa, que a Úrsula Montes nadie le hace de menos porque es la leche.
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