La Coctelera

El DVD

Retomo mi búsqueda de la mujer nueva, me voy al carrefour y me compro el mejor DVD de toda la exposición, y pago en caja y pido que no me lo metan en una bolsa para que todo el mundo pueda comprobar que acabo de gastarme una pasta en comprarme el mejor electrodoméstico de todo el Centro Comercial. Porque soy una mujer nueva que tiene conocimientos electrónicos y que ya más nunca va a volver a ser la antigua Úrsula.
Y llego a casa, ingenua de mi, y abro el paquete y descubro que allí dentro hay más cables que el día del alumbrao en la Feria de Abril. Y me acuerdo del maldito vendedor y de su familia y de los Santos mártires de las rebajas. Y me martillea la frente la frase de "es muy simple". Claro, vendedor de mente enferma, es muy simple para los licenciados en Astrofísica. Y no se preocupe, señora, "hágalo usted misma en casa". Y me aplico la frase, y lo único que sé hacer yo misma es abrir el tetra brik de la leche y muchas veces con tijera. Y también sé recortar los cupones de información de las revistas de belleza y marcar el teléfono de la esperanza, y, y... Respira, respira, si tú eres una mujer inteligente y guapa y despierta, con algo de sobrepeso sí, y él es el culpable de que tu cerebro no funcione porque te lo oprime. ¡Coge aire bonita! Respira, respira, respira. ¡Mete barriga! ¡Respira hondo! Recuerda los libros de autoayuda: Tú puedes, tú puedes...Y agarro la estampita de Santa Brígida de la falda de pana y me arriesgo a abrir el temido manual de instrucciones. Abro la primera página y ¡Santos mártires del cómic! No hablo ruso, no hablo belga, no hablo francés, no hablo chino, ni croata, ni portoriqueño, ni el idioma de las nubes... y paso página y página y tengo el dedo tan chupado que podría pegar la colección entera de sellos del marqués de chiquidistán.
Levante la tapadera frontal y coloque el botón superior en posición de encendido. ¿Cuál es la tapa frontal? Frontal viene de frente, a ver póntelo a la altura de la frente, ¿ves alguna tapa? No. ¿Algo se mueve? No. Está bien, lo giras y lo investigas por todos los ángulos posibles, pero ¿no pueden poner un letrerito en rojo que ponga tapa frontal? Después de rotarlo y rotarlo logras encontrar la maldita tapa frontal que debería llamarse tapa esotérica o machacotérica. Y consigues encontrar el botón de encendido y lo pulsas y no pasa nada. Y vuelves a leer y a releer y piensas en que tu nunca terminaste la universidad y que tus únicos títulos son los de cómo sobrevivir con un tarro de mermelada, tres yogures caducados y una tarrina de mantequilla en la nevera. Aprenda a usar la lavadora en dos horas. Deshágase de su madre en diez minutos por teléfono. Conquiste a ese hombre con pocas palabra y mucho parpadeo y cómo vestirse para conseguir un trabajo. Pero nadie me habló de reguladores, operaciones inversas, conexiones, direcciones indicadas, redes ni leches.
Ahora tengo un fantástico DVD que ocupa un magnífico espacio en mi diáfano estudio, nunca lo utilizo porque no he sido capaz ni de ponerle la hora. Pero queda bonito allí acumulando polvo y contribuye a que todas mis visitas sigan pensando que yo soy la leche.

La Faja

De hoy no pasa, se acabaron las tardes de desidia tirada en el sofá comiendo dulces, fritos y patatas. Se terminaron las largas noches de conversación con las amigas engullendo Bloody Marys, uno tras otro. Se acabaron las Suelen. Y las cervezas y los tintos de verano y los canapés y las alcaparras, y la nocilla y los bombones y el chocolate y el cochinillo y los trisquis... A partir de mañana soy una nueva mujer. La nueva Úrsula se levanta de sus cenizas cual ave fénix para retomar las riendas de su vida. Primer paso, aprender a caminar con soltura. Visita al videoclub para alquilar todas las películas de la Audrey Hepburn. Así delicada, suave, muy bien, vas muy bien eres clavadita a ella pero con treinta y cinco kilos más, ¡venga mete esa barriga,! Así, así, lentamente, gira la cabeza y sonríele al espejo. Se te sigue notando, eres un engendro entre Homer Simpson y un minero irlandés. Corro rauda en búsqueda de la caja de pandora- sólo usable en casos de emergencia-. Allí está en su envoltorio perfectamente estuchada y doblada mi amiga, la faja, la gran faja visible desde la luna, como la gran muralla. ¡Santa Brígida de los Desamparados, a los treinta y con faja! Una pierna, otra pierna, ya estoy exfoliada de rodillas para arriba, ¡la leche!, si no me sube. Túmbate en la cama, relájate y vuelve a repetir la operación. Y tiro y ella que no quiere subir y sigo tirando y que no, y que no, y que al final que sí. Y cuando consigo ponerme en pie, y me miro al espejo, parezco la bandera de la república: cara morada -claro apenas puedo respirar con esta opresión; que oye que la licra se adapta a todos y a todas; me cago yo en el que inventó la licra, más que pegarse succiona, ¡alabados santos Mártires del Congelado! Manos rojas del esfuerzo y piernas amarillas por falta de riego sanguíneo. Y si ahora me entra un trombo de esos que les dan a los turistas en los aviones por no caminar. Y si ahora esta faja acaba con mi vida. Muerta por el poder de una gran faja, de una faja nunca vista. Sería portada del Guinnes seguro. Y de otras muchas revistas como esas que venden en el día. Junto a la imagen de tuve un hijo con un plutoniano; la imagen de mi cuerpo desfigurado por el poder de una faja.
Nada, nada, venga se acabó. La Úrsula nueva carente de barriga, estilizada y fina tendrá que esperar al mes que viene. Venga, venga, quítate la faja que todavía vas a batir el récord de apnea. ¡Ay, San Cosme! Que no me sale. ¡Santos Dior y Versace! Que no me baja. ¡Ay!, que me mareo, ¡ay! que no me llega oxígeno al cerebro, ¡ay!, que me voy a quedar así. Tranquila, tranquila, si con calma todo sale. Recuerda, más vale ..., mas vale... más vale que salgas mamona porque si no te vas a enterar. Se acabó si fuera capaz de doblarme por la cintura juro que la cortaría con los dientes. Recurro al cortauñas, aunque si tuviera una sierra eléctrica destrozaría la faja y al inventor de la misma. Hay veces que hay que emplear la violencia para demostrar a todos los amantes de la licra y de las fajas que Úrsula Montes sigue siendo la leche.

Fenómenos paranormales

La revista Más Allá debería cubrir fenómenos paranormales como estos.
¿Por qué?, justamente el día en el que llevo puesto un pijama zarrapastroso, pelo sin lavar, zapatillas con ventilación y resaca faraónica que mucha Suellen de Dallas quisiera para ella. ¿Por qué ese maldito día en el que recibo la visita de un butanero venido de otra galaxia, va la puerta y cobra vida propia? Así, sin que nadie le diga nada, va la mal nacida y se cierra y me deja de tal guisa en el descansillo. Y le sonrío a ése pedazo hombre y se me escapa un ¡uy!, yo no soy así es el demonio que se ha apoderado de mí, mira como me gira la cabeza. ¡Venga, ahora escúpele! Se va. ¡Piensa rápido Úrsula!, ¿cómo vas a entrar otra vez en casa? Así no puedes ni pisar la calle, tu reputación, tus admiradores, tu aura, tu carisma. Timbre de los vecinos, ropa prestada: chandal XL y zapatillas de fútbol con bolitas relajantes en la suela número 47. Suerte que no practiquen la natación. ¿Dónde irías con un marca paquetes de esos? Corres a la calle e intentas no saludar al de la tienda de embutidos, pero te ha visto. Y pones pose de estoy practicando deporte. Esprintas y por fin llegas al portal contiguo. Llamas ingénua y le explicas a la Darthvader del vecindario que la puerta se te ha cerrado, que tu ropa es de la última colección de Dior y que lo único que quieres es que te deje encaramarte a su terraza para poder pasar a la tuya. Meterte en casa coger una bolsa de plástico anudártela al cuello y dejar de respirar, y dejar de sufrir y teletransportarte. Y ella que piensa que soy una suicida en potencia que no, y yo que sí, y que por favor. Que ya nunca más voy a ponerle a toda leche la cinta de la martirio, que ya nunca más mi gato va a dejarle regalitos en sus tiestos. Y ella que no y yo que sí. Y zas, otra puerta que se cierra. ¿Telequinesia? Lo intento con el portal siguiente. Y acceden y allí estoy yo como Judini subido a un plataformón de deportista, con un pantalón que se me escurre- y llevo tanga- encaramada en el alero de un octavo piso. La vista desde abajo debe ser magnífica. Pero lo consigo y entro en casa pidiendo a todos los santos que nadie me haya visto que nadie recuerde lo sucedido y que la revista Más allá no se haya hecho eco de que yo soy la leche.

Otra vez Navidad

Llega la navidad, llegan los turrones y el buenorro de la lotería, y la paga extra y la familia y el cochinillo y las avellanas y las almendras y la amistad con la cotilla del quinto, y la compra de fajas para el peazo vestido de nochevieja y mi churri. Vuelve el Harry Potter vallisoletano y yo como siempre sin nada que ponerme. Y con veinte kilos de más y con una cara que se encuentra a medio camino entre Michael Jackson por la palidez y el Golum ese del señor de los anillos por la retención de líquidos. Y todo vuelve pero yo por más que le pongo velas a Santa Rita no vuelvo a tener el cuerpo que tenía con dieciséis años ni la cara, ni el culo claro. Porque últimamente se me está poniendo un trasero de chana que en fechas próximas sólo voy a poder vestirme con un uniforme de jefa de prisión, o atarme una bolsa de plástico al cuello para dejar de respirar o mejor aún una piedra para tirarme al río y dejar de ser boya para pasar a ser sirena o ballena o arrecife coralino, o prestige de grasa, lástima que la mía se mantenga donde está y no salga a flote. Oye y ¿si me aprieto un poco por el ombligo? ¿no podré vaciarme de esa manera? Y ¿si me anuncio en internet en venta de ámbar gris? Grasa tengo, tamaño de cachalote también, ¿esperma? Como no vaya a una clínica de inseminación. Horas bajas para las rubias inteligentes. Perdón semi inteligentes. Perdón, semi rubias. Y vuelven las dudas y vuelven los complejos y vuelven las preguntas ¿me verá guapa? ¿me verá atractiva? ¿existe vida en marte? ¿porqué sube el precio de la panceta con lo que me gusta? ¿porqué mi dvd sigue con la hora de verano si ya estamos en invierno? Acaso ¿no es un aparato inteligente? ¿ese esmalte de uñas le va bien a mis ojos? ¿si parpadeo constantemente pareceré estúpida o interesante?
Salgo disparada para el cuarto de baño y como se me ha terminado la crema exfoliante me hago una cataplasma de las caseras y agarro la bolsa de la sal marina y me restriego todo el cuerpo con tenacidad, y cuando termino parezco un cochinillo antes de entrar en el horno. Pero no me preocupo porque pienso que es normal que la piel se está adaptando a su nueva muda. Pero amanezco al día siguiente con una erupción semejante al caracrater de Grease. Y ¿si es un cáncer y termino como los de chernovil?, y si tiro de este pellejín y me pelo entera, entonces, ¿podré acceder directamente a la grasa y emplearla como mantequilla para las tostadas? Y ¿si dejo de pensar y me voy a urgencias? Me escuece, me duele. Santos Cosme y Tomás, se me acabó el valium. Y ¿si me meto media caja de paracetamol con dieciséis botella de mezcal el gusano rojo? Casi que como, a lo mejor esto es producto de la desnutrición de las últimas semanas. Uy, si por ahí tengo una lasaña precocinada que sólo ha caducado hace quince días. Nada, nada con tanto conservante y colorante esto aguanta lo inaguantable. Y me la como y unto bien de pan. Y me acuesto y a la mañana siguiente estoy inflada como un zepellin y tengo un bigote de mariscal increíble. ¿Puede un pelo crecer tan rápido? Créanme que sí. Y me llama ese peazo de hombre sacado de una película de ciencia ficción, que me invita a cenar y que quiere verme y lo que de verdad debería hacer es apedrearme. Pobre copito si me viera con este aspecto hubiera vivido un par de semanas más para aparearse conmigo. Y tengo que mentir, yo que nunca miento. Porque si le digo que estoy enferma querrá venir a verme y parezco un mutante y dejará de quererme y me odiará y me dirá que seguimos siendo amigos. Cuando lo que realmente quiere hacer es gasearme o vomitar sobre mi alfombra persa herencia familiar. Así que me armo de valor y le digo que me ha salido un trabajo urgente en chiquidistán. Y se ofrece a regarme las plantas y sigo mintiendo para que siga pensando que Úrsula Montes es la leche.

Llamadas inesperadas

No me lo puedo creer, pero ¿no llevo tres semanas esperando esa maldita llamada? y justamente hoy, hoy que no tengo nada mejor que hacer que tirarme en el sofá a comer, mejor dicho a engullir uno tras otro estos fantásticos y grasientos bollos de crema, va el tío y llama ¿pero será impresentable? Justamente hoy que lo único que me apetece es compadecerme de mí misma, hoy que me he permitido el lujo de quedarme todo el día en pijama. Pues no, mira chico, tengo un montón de compromisos para esta tarde, y qué quieres que te diga, todos son mucho mejores que una tarde campestre en la finca de tus primos. ¿He oído finca?, finca significa piscina, y yo con estos pelos de primate en las piernas, como no haga algo alguien por error me lanzará cacahuetes ¿Qué en una hora y media pasas a recogerme? Intento reaccionar, venga, pero dile que no, que no puedes, no, no y no. Necesito más tiempo. ¿Qué subes y esperas en casa? Horror, debe haber una hectárea de árboles entre tanto cartón de pizzas, el fregadero parece la sección de menaje de unos grandes almacenes y hay piquetes de pelusas entre los muebles. Dios, ni siquiera he hecho la cama, pero ¿hoy no iba a ser un día de relax? Busca una disculpa, rápido, no sé algo como que tienes que ir a una conferencia sobre la reproducción del centollo en las rías bajas.
Vale, ¿cómo que vale? cuelgo y corro rápidamente, empieza ahora el maratón. Y sigo con estos pelos, a muchos etíopes olímpicos me gustaría ver aquí.
Si yo fuera una mujer afortunada, si la fortuna hubiera decidido tocarme con su varita, yo ahora metería todo en una habitación cerraría la puerta y todo arreglado. Pero no, la suerte, valiente pedorra, ha querido que mi habitat natural sea un estudio, diáfano, de espacios abiertos, bien pero que bien abiertos oye, la única puerta que tengo es la del baño, ¡manda huevos! Si cogiera ahora al mamón que me lo vendió le iba yo a dar en los espacios abiertos y diáfanos. No te distraigas, lo primero es solucionar el orden; mientras ocultas la ropa sucia, vas despellejándote con las tiras de cera fría. Ahí detrás de la cama caben bastantes cosas, el resto puedes sacarlo a la terraza, espero que hoy no llueva, mi mejor lencería va en ese lote. Platos al frigorífico, el único sitio de la casa donde verdaderamente hay espacio, cada vez que lo abro ocurre lo mismo: grito para oír el eco de mi propia voz y pienso en abrir una farmacia, con la mitad de esta penicilina salvaría al mundo. Vaya, gracias, un par de truchas acaban de saludarme, mañana sin falta os tiro a la basura, lo juro, pero por favor no me presionéis. ¿Qué es lo que estoy viendo? Lo que en otro tiempo fue la tierra del gato ahora es una pasta como de marrón crocanti que desprende un no muy agradable olor. Pero bufi, cochino, eres un verdadero parásito, sólo comes y cagas. ¡La leche!, esto lo arreglo yo en dos minutos, saco hermético gigante de congelación, apertura de mampara, saco en ducha, cierre de mampara. Todo con delicadeza es peligroso manipular armas biológicas. Ya aprovecho y me mojo el pelo y le aplico un par de toneladas de gomina, no hay tiempo para mucha higiene más. Los dientes, nada, nada, mejor me como un chicle.
Corriendo a estirar la cama, un poco así por encima, la búsqueda en el armario de algo bonito, limpio y planchado es más laborioso y entraña más peligros que la subida al Everest sin oxígeno. Suerte, hay una camiseta que aún no has estrenado, el vaquero de los último tres días no le va mal, un poco ancho, pero así podrás dejar caer que has adelgazado. La búsqueda de un par de zapatos bajo la cama es pura espeleología, cualquier día montas una empresa de deportes de riesgo. Suena el timbre, justo a tiempo: estoy estupenda, el estudio parece La Zarzuela y es que aunque no lo crean ¡soy la leche!

En la autoescuela

Desconozco el grado de alcoholemia en el que se encontraba el matriculador el fatídico día en el que decidí apuntarme a una autoescuela. Pero ¿están chalados o qué?
Primero el teórico: Vas por una calle de noche y te encuentras con un hombre de uniforme que haces:
A. Pasas de largo.
B. Te detienes y ves que quiere.
C. Ni A ni B.
¿Pero está bueno o no? ¿Pero qué tipo de uniforme lleva? Y yo ¿qué llevo puesto? ¿Vengo estupenda de una fiesta o vengo sudada del gimnasio? Pero ¿la opción de pedirle el teléfono no aparece en ningún sitio? Es que no sé a qué hijo de quién le dejaron redactar estas preguntas. Es que así fuera de contexto ni el Gates de Microsoft vamos. Pero con calma y mucha canción infantil del pito pito, vas haciendo al azar preguntas y tachas una sí una no y al final, después de renovar papeles unas 3 veces, zas. Ya estás preparada para subirte a un coche. Y me pongo mi mejor vestido y me subo a unos tacones de vértigo y sonrío al examinador de la edad de mi bisabuelo, mientras descubro que esa alfombrilla de fibra sintética me está despellejando el mejor par que tengo. Y empiezo a marearme, y quiero salir de allí. ¿Qué hago entre tanto botoncito, manivela, pedal? He sido abducida y no lo recuerdo. ¿Cómo pueden permitir que alguien que es incapaz de manejar el carrito del super se suba a un coche y además intente conducirlo? Pero si tienen vida propia, pero si no responden a tus mandatos. Dios, dios, necesito una bolsa de papel para hiperventilar. No se ponga nerviosa señorita, fíjese en las marchas. Pero, qué marcha ni qué leches si la única marcha que conozco es la de Benidorm. Escuche el ruido del motor,-se me cala- ve run, run –se me cala-, le está pidiendo suavidad –se me cala-, le está pidiendo calma- se me cala-. Por dios, por dios que no lleve marcapasos, que no se le caiga la pila con tanto vaivén. Pise el acelerador y suelte lentamente el embrague mientras cambia de marcha.¡Qué embrague, qué acelerador!, no me presione, no ve que puedo emplear el bolso como alma arrojadiza.
Y justo cuando consigo arrancar suave y el examinador puede sonreírme porque esta vez ha logrado conservar la dentadura postiza en su sitio, va un tío loco y se me tira encima. ¡A ver si miramos, mamón! Ah, que eso sobre el asfalto a rayas imitando la última colección de Versace es un paso de qué, ¿de peatones?
Y llega el examen y ¡Suspenso! Pero una como se siente querida y bien tratada no desiste en el intento y ¡Suspenso!, ¡Suspenso!, ¡Suspenso! Pero si con tantas horas de práctica ahora mismo podría pilotar un F14. Pero si usted no sabe nada, si de lo único que entiende es de la pesca del changurro y del percebe. Nada es imposible y ahora conduzco un tercera mano.
Lo que no acabo de entender es porqué a los de tráfico no les gustó la foto de cuerpo entero que llevé para el carné con lo estupenda que estaba. Estos todavía no saben que soy la leche.